El ciervo y el león
El siguiente relato forma parte del ciclo En la montaña, una serie de historias en las que exploro la fábula fantástica, al tiempo que hago homenaje a algunos de mis autores predilectos en el género: Quiroga, Kipling. Apuleyo. El proyecto inicia como una exploración del erotismo en su estado salvaje, y haciendo uso de símbolos insertos en toda la obra, a fin de construir un espacio onírico que se quede impregnado en la memoria.
El león persigue al ciervo por la montaña. Lo ha seguido durante toda la vida. Sabe de qué arroyo bebe y dónde se siente seguro.
Aún así, el león nunca ha podido atrapar al ciervo. A veces se pregunta si es el mismo ciervo que se ha dedicado a perseguir toda la vida; pero siempre lo sabe: ese es su ciervo, el exacto opuesto de su existencia como cazador.
Persigue al ciervo por toda la montaña. Lo sigue por días a través de ramas y espinas, hasta un claro en el arroyo.
Ahí, el león ataca. Muerde el cuello de su presa y lo sostiene. Pide al ciervo que lo lastime. Que hunda sus astas dentro de él y lo marque para siempre.
El ciervo se hunde en el león. Lo penetra en el costado y atraviesa el corazón. El león rasga la piel del ciervo, profundo hasta las entrañas.
En ese momento su vida está completa. Se funden y emergen convertidos en otra cosa, empapada del otro. Y ahí permanecen.
Se mantienen unidos, alargando vida y muerte entre su abrazo.
Su sangre mezclada baja por el cauce y, a medida que la vida escapa de sus cuerpos, el ultimo rastro de su muerte desaparece antes de llegar al mar.
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