Lluvias
Las lluvias (2019-2020) fueron escritas en el período de un año. Al principio estaba yo, con una soledad que no me dejaba renunciar. Sentencia previa. Supuse que sería una buena entrada de san Valentin ya que, si bien no puedo escribir sobre el amor, si puedo compartir algo desde su ausencia.
Para alguien que dijo que yo era el amor de su vida:
Lluvias.
En la
habitación de ABRIL. Está desordenado. Hay una cama a la derecha y una puerta a
la izquierda, entra luz por una ventana al fondo. Hay un escritorio y una silla
hasta el tope de ropa sucia. El espejo, que debería colgar de la pared, está
sobre la silla recargado en la ropa sucia. Abril duerme en su cama, se levanta
molesta por la luz que entra y cierra la cortina. Se vuelve a acostar.
Tocan a la
puerta. Abril no contesta.
Tocan de
nuevo.
Tocan otra
vez. Abril se levanta, harta, y abre la puerta.
ABRIL. ¡Que me dejen sola,
chingada madre! (azota la puerta y
regresa a la cama a llorar) ¿No pueden entender que no quiero ver a nadie?
¡A NADIE!... a nadie.
Y ¿para qué
ver a alguien? De todos modos, no pueden entender lo que me pasa. Si ni yo me
entiendo. Y es que es chistoso porque creía que sí.
Estaba triste, claro. Por lo que me hizo ESE PENDEJO… pero la verdad es que no era eso. Me sentía triste porque nada de lo que pensaba era verdad. Porque ese wey se encargó de que todo lo que tenía se fuera al carajo. Y ¿por qué? porque es un pinche niñito que quería verle los calzones a sus compañeras. Porque claro, a la primera oportunidad que tuvo se fue a meter con su disque amiguita. ¡Y quién sabe con cuántas más, porque el cabrón solo tuvo los huevos para decirme esta ultima vez! AAAAAGHH
Abril golpea los cojines de la cama, visiblemente frustrada. Se detiene, espera un poco y se levanta de la cama, hacia el tocador.
ABRIL. (mientras se maquilla) Esa última vez que nos vimos no pensé que
nada de eso iba a pasar. Yo estaba muy entusiasmada… bueno, tenía algo de miedo
porque antes habíamos peleado. Pero esa iba a ser nuestra reconciliación
¿saben? Me pinte linda para agarrar fuerza y hasta me rasuré las piernas para
que se sorprendiera. Yo sabía qué labial le gustaba más, pero también sabía que
sus gustos no son muy buenos y me puse otro que va mejor con mi piel. Me puse
el perfume que usaba cuando nos conocimos
(se pone perfume) y… (se detiene
frente a la puerta) fui a verlo.
No tenía
por qué (regresa sobre sus pasos, a
medida que habla va despintándose y quitándose el perfume con las mangas).
Estábamos mal, pero ninguno de los dos quería aceptarlo. Más bien, él no podía
aceptarlo. Yo no quería hacerlo. Estaba cansada, harta de tener que aguantar su
cara de palo de siempre, de darnos un beso cada diez minutos y fingir que eso
nos iba a salvar del odio que nos llegamos a tener.
Creía que por alguna razón ese tiempo separados nos iba a ayudar ¡Cómo si todo se arreglara tan fácil!... quería que así fuera, tenía que ser así. (llora) Teníamos que vernos y los dos correríamos y yo saltaría hacia él y quizá lo tiraría porque nunca fue muy fuerte y nos reiríamos y nos besaríamos y nos diríamos lo mucho que nos faltamos y lo mucho que nos extrañamos y de pronto todo iba a estar muy bien porque así tenía que ser.
SOMBRA
resalta por atrás de las cortinas, se mueve a medida que Abril habla de ÉL.
ABRIL. Después de eso iríamos a
comer pizza, a nuestro lugar favorito. Íbamos a compartir una, a cuatro pedazos, para no engordar. Yo iba a dejar la orilla y él se las comería porque
por alguna razón le gustan las orillas. Me hablaría de sus proyectos, de las
películas que vio y le hicieron pensar en mí, me diría esa vez que estaba en el
metro y creyó verme, pero no, porque yo no paso por esa línea; de cómo su
familia le preguntaba por mí ¿y dónde está Abril? ¿todavía hablas con ella? (la
Sombra comienza a caminar por el cuarto, arrastrando la pesada cortina,
desacomodando todo)
Me diría
que todas las noches lloró hasta quedarse dormido y que por la mañana
despertaba para ver nuestro chat, esperando que le mandara mensaje. Que lloraba
tanto en el metro que una vez creyeron que se iba a suicidar. Y que en general,
no dejaba de llorar. Entonces me pediría un abrazo y me haría prometer que no
sería el último, que después de ese abrazo nada nos iba a separar, que
aprenderíamos a crecer y cambiar juntos, que no importaba nada del pasado, que
volviéramos a empezar.
Sí, así tenía que ser. (la Sombra se detiene frente a Abril) Pero cuando nos vimos, fue como si no nos conociéramos, como si hubiéramos pasado años encerrados en quién sabe dónde y todo se hubiera olvidado. De pronto no supimos ni cómo saludarnos. (la Sombra se hinca frente a Abril, como apenado) No podíamos decir nuestros nombres porque ya nos habíamos dado muchos que nos quedaban mejor…
La Sombra
toma objetos que ha ido arrastrando con la cortina, y se los da a Abril uno a
uno a medida que ella sigue hablando.
ABRIL. Claro que en ese momento
ninguno fue adecuado. No hubo nada. No pudimos hablar de nada. No agarró mi
mano ni habló de mis dedos de queso ni mis uñas extrañas… yo tampoco pude verlo
como lo veía. Había algo, algo diferente. Sus ojos ya no tenían el mismo brillo
con el que me veían. Parecía que algo los había oscurecido, una nube o un
recuerdo (la Sombra alza la cabeza para
mirar fijamente a Abril) Una culpa. (Abril
se levanta de la cama y empuja a la Sombra, que permanece tumbada)
Y yo solo
podía pensar en cómo pudo. Cómo es que pudo olvidarse de todas las cosas que
habíamos vivido, de todo el amor que me juraba que aún me tenía… Pero ya lo
sabía, para él solo era un lugar donde meter el pito (la Sombra, en el suelo, se empieza a replegar en posición fetal).
Porque así son todos los hombres, te buscan cuando están calientes y creen que
te aman nada más porque los satisfaces. Pero cuando dejas de hacerlo, uy
pobrecitos, salen todos los problemas de su niñez ¡a escupirte en la cara! y recordarte
¡lo estúpida que eres!
¿Cómo no enojarse? Él me había prometido que nada iba a cambiar, que iba a ser paciente en este tiempo y que podíamos volverlo a intentar. (Abril se hinca, la Sombra poco a poco se levanta) Me había dicho que el mundo no se iba a acabar y que todavía podíamos tratar de construir nuestro lugar en él, juntos...
La Sombra
da vueltas lentas alrededor de Abril a medida que ella habla, cuando termine,
ella estará rodeada de la cortina y todos los objetos que siguen pegados
a ella.
ABRIL. Yo seguía pensando en él. Seguía revisando su tuiter para ver si ponía algo de mí y sé que él hacía lo mismo. Se culpaba ¡y qué bueno! Porque había sido un patán… y aún así no podía dejar de quererlo. Aún así, aunque ahora supiera que ya no podía verme con el brillo que tenía, aunque yo no pudiera verlo sin llorar de rabia e impotencia; aún así lo quería, y lo quería cada vez más. Lo llamaba por las noches con los ojos cerrados, esperaba encontrarlo todas las mañanas. No podía dejarlo irse, no así…
La Sombra
deja de dar vueltas alrededor de Abril, y ya solo esta cubierto parcialmente
por la cortina. Abril lo mira y le extiende la mano
ABRIL. (a la Sombra) ¡No! No te vayas. ¿Qué clase de final es este? ¿solo te vas a ir? ¿me vas a dejar en medio de todo esto pensando en ti? Vuelve, por favor. Prometiste que si te dejaba ir regresarías con las jacarandas. Tú, maldito poeta frustrado. Ven, y dime lo que piensas, no me dejes así (la Sombra se descubre por completo, no tiene rostro. Abre la puerta) ¡¿Me vas a dejar así?! ¡Tu no sabes lo que se siente! ¡Tienes que regresar, tienes que extrañarme y decirme que quieres que todo sea como antes! (la Sombra sale) No se supone que sería así…
Abril llora
hasta quedarse tendida en su posición. Se apagan las luces.
Cuando se
encienden de nuevo, Abril está dormida en el piso, acurrucada en la cortina.
Tocan la
puerta. Abril se despierta sin levantarse del piso.
ABRIL. ¿Quién?
SOMBRA. Soy yo ¿puedo pasar?
La luz se
apaga. A oscuras, se distingue que ambos se ponen en el centro del escenario y
hacen reverencia. Suenan aplausos.
Se encienden las luces. Sale el DIRECTOR por la izquierda.
DIRECTOR. Muy bien, Abril.
Esta vez quedó mejor, pero…. ¿estás segura de que no quieres cambiar el guion?
Creo que todavía hay muchas cosas que podemos exprimir.
ABRIL. Sí, me gusta así.
DIRECTOR. Bueno, solo decía. Buen trabajo.
El Director
se despide de la Sombra y de Abril y sale por la derecha.
Abril
empieza a recoger las cosas tiradas en el suelo. La Sombra le ayuda.
SOMBRA. A mi me gusta el
guion. (Abril le sonríe) Aunque creo
que es muy rápido… y no te deja muy bien parada ¿no?
ABRIL. No se trata de eso.
SOMBRA. ¿De qué?
ABRIL. De quedar bien o mal.
Solo quería transmitir una sensación que fue muy real para mí.
SOMBRA. ¿Y lo conseguiste? (Abril se encoje de hombros) … Ya. Pues
creo que sí te va a ir bien. Aunque no sea técnicamente un monólogo.
ABRIL. Bueno eso es porque no
soy yo la que estaba hablando. (terminan
de acomodar. Abril se sienta en el suelo y la Sombra la sigue) Muchas de
esas cosas son de él. Incluso el cuarto es de él.
SOMBRA. ¿Hablas del espejo y
todo esto?
ABRIL. Sí. Tenía un espejo que
siempre estaba en la silla. No se caía porque siempre había ropa ahí. (prende un cigarro) A lo que voy es que
esto no es solo mío, también es de él. Muchas palabras de aquí eran sus
palabras. Supongo que eso pasa porque estuvimos juntos mucho tiempo. Es normal,
cuando estás con alguien poco a poco se van uniendo hasta que ya no sabes dónde
empiezan tus cosas y terminan las suyas ¿no crees?
SOMBRA. Bueno, no lo sé. Llevo
soltero siete años. (extiende la mano y
Abril le pasa el cigarro) No se mucho de amor y esas cosas. (silencio alargado, le regresa el cigarro a
Abril) Oye y ¿por qué tardaste tanto en escribirlo?
ABRIL. No sé. No tenía tiempo
para sentirlo y para tratar de expresarlo. Además tenía que pensar en las
alegorías y todo eso. Y cuando salió la convocatoria pensé que esa era mi
oportunidad.
SOMBRA. ¿No se supone que
mientras más lo sientas es mejor para la inspiración?
ABRIL. No lo sé. Igual y
funciona para alguien, pero no para mí. (regresa
el cigarro) En esos momentos no podía pensar en nada. Era como si mi cuerpo
fuera un barco arrastrado por la marea hacia una isla que no conocía.
SOMBRA. Eso suena bien ¿Qué
había en la isla? (le devuelve el
cigarro)
ABRIL. Una historia que se
llevó la marea. Era sobre un marinero y una sirena, dicen que cancelaron la
segunda parte porque el escritor renunció. (ríe) Cuando llegué la isla estaba desierta pero todavía se veían
las huellas. Había una choza y en el cuarto la mitad de la cama estaba bajo el agua
para que durmieran abrazados.
En la pared había fotos de
cumpleaños y sonrisas tan ciertas que parecía que aún no se habían marchado de
ahí. Yo volteaba, esperando ver al marinero o a la sirena espiándome. Y había
un rastro de tinta hasta una cascada que se detenía por pena antes de
tocar el agua. Ahí estaba un pulpo agonizando de sus ocho corazones, decía que
no había dicho todo lo que quería decir.
Pero el pulpo no dijo nada
más y me miró, disculpándose por no haberme traído a la sirena ni al marinero;
realmente quería verlos. Después de eso encontré un libro donde se escribía
solo lo que quería leer. Pasé mucho tiempo leyendo ese libro, preguntándome por
qué la cascada no terminaba de caer y por qué el pulpo no había muerto… Después
llegaron los caníbales. (regresa el
cigarro)
SOMBRA. (trata de fumar, pero no puede) Bueno, esto ya se acabó.
ABRIL. Sí.
TELÓN
Abril Malverde
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